Es bastante habitual que los pacientes me pregunten por qué las separaciones de sus parejas se hacen largas, con idas y vueltas. Creo que es una pregunta que se hacen a ellos mismos y así es que al devolvérselas se encuentran con diferentes respuestas.
Escucho entonces que aparecen los miedos. Dicen que aparecen las dudas y creen continuar amando a la pareja, también cuentan sentirse inseguros y por ello es que van y vienen en las decisiones. También los escucho decir que es difícil abandonar algo que les pertenecía y/ o algo que era parte de ellos mismos, esa ilusión de ser la mitad de la otra naranja. Y referirse a lo dificil que se hace dejar de ser o hacer algo a lo que se estaba acostumbrado. Todo esto es lo que se atraviesa en un proceso de separación.
Es un proceso que lleva tiempo y no algo que se pueda decidir si hace, de un minuto al otro. Es un proceso de duelo. Ya sea que uno haya o no decido separarse, hay algo en esa ruptura que se pierde. En eso que se pierde, hay algo de uno que se va con el otro.
Hay un ir y venir, una insistencia, por evitar esa pérdida, por no dejar de ser'eso' que éramos para el otro. Se insiste cuando hay algo que resiste, pero en esa insistencia es que el sujeto se queda enredado. Sin saber que hacer, pero buscando saber algo, buscando entender, una y otra vez pero la sensaión es la de'volver siempre al mismo lugar'. volver a encontrarse con lo que no funciona.
Pero es en este recorrrido, en estas vueltas, que aparece la posibilidad de advertirse de ello y la posibilidad de encontrar una diferencia, una marca desconocida para el sujeto que le abre un atajo hacia un nuevo hacer.