Lic. Laura Milberg

Psicóloga

Sigmund Freud y lo cotidiano

Por Lic. Laura Milberg

01-08-2018

Freud publicó en 1904 un texto llamado'Psicopatología de la vida cotidiana' . Es una de las obras más populares de Sigmund Freud, probablemente porque los temas que incluye.

Como por ejemplo: las razones de los olvidos mentales, la causa de las equivocaciones, los actos fallidos y las supersticiones. Pertenecen a la actividad diaria de la gente. Y dice que en la vida mental ordinaria hay muchos actos que se nos presentan como productos de causas efectivas.

'Ciertas imperfecciones de nuestras aptitudes mentales' - dice Freud - 'y ciertos hechos aparentemente no intencionales dan prueba de ser bien motivados cuando se les somete a la investigación psicoanalítica, y son determinados en la conciencia por motivos desconocidos para ella'.

El hecho más trivial, el olvido de los nombres propios, por ejemplo, obedece con mucha frecuencia a la intervención de la represión: en efecto, la circunstancia de que el nombre no recordado corresponda o sea simplemente parecido al de una persona que por algún motivo está relacionada con un episodio desagradable de nuestra historia, es razón suficiente para que la censura, ejerciendo su función esencial de evitar el displacer, interfiera no dejándolo trasponer el umbral de la conciencia. La sustitución de palabras, los lapsus, los equívocos en la pronunciación de las voces corrientes, como las pertenecientes a lenguas extranjeras, el desorden en la construcción de las frases, y en general los errores al hablar, leer o escribir, en gran parte están supeditados a la misma contingencia: son productos del conflicto psíquico.

Sucede, además, que las expresiones incorrectas, usadas por personas instruidas, son a veces la revelación involuntaria de deseos secretos. El mecanismo, pues, de tales fenómenos no es regido en la mayoría de los casos por leyes fonéticas, sino por determinantes histórico-psicológicos. De igual naturaleza son los olvidos de conocimientos y resoluciones; 'nuestra torpeza frecuentemente no es más que el manto bajo el cual se disimulan nuestras intenciones secretas' –dice Freud- Freud cuenta que por un lado, está el afán de guardar objetos inútiles, de coleccionarlos, que serviría para calmar el deseo de posesión o de uso de algo que los objetos coleccionados simbolizan.

En lo referente a la manía de coleccionar todo, el fin de tal propensión sería, entonces, simplemente, tener una ocupación activa y constante de la inteligencia, para sí evitar, lo más posible, el conflicto psíquico. Por otro lado, la pérdida deliberada, aunque inconsciente, de determinados objetos, la explica a partir de que la desaparición serviría para hacer olvidar algo que trae a la memoria la vista o el uso de la cosa; o la pérdida significaría, sencillamente, el medio interpolado de conseguir un sustituto mejor o nuevo.

El chiste, lo cómico, serían también maneras de expresar disimuladamente los complejos reprimidos. Por su uso, tanto el humorista, como el contador y los oyentes, lograrían expresar deseos reprimidos, cuyo significado es enmascarado por los artificios de la forma, que son a veces tan complicados que confunden a la razón. El mecanismo por el cual la libido inconsciente se transfigura en un gracioso juego de palabras, que suscita sentimientos de placer, inocentes en apariencia, y que la conciencia tolera perfectamente. En suma, el psicoanálisis intenta poner en evidencia que hay en la psiquis un centro permanente que pugna por intervenir en la vida mental del sujeto, el inconsciente. Cuyo contenido es reprimido, o sea los conceptos rechazados.

Como la consciencia se defiende de estas entidades ocultas, penosas, molestas por medio de los mecanismos de defensa, resulta un estado de perpetua lucha. Apareciendo entonces estas formaciones sustitutivas, reactivas o compensatorias.

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