En los últimos años se ha observado un incremento notable de una práctica que se conoce como cutting. Es una conducta riesgosa y compulsiva que busca liberar emociones intensas y disminuir el estrés. Refiere a cortes que se realizan en el propio cuerpo como un modo de descarga.
Pareciera que cuando la angustia y el dolor psíquico son muy fuertes, el dolor físico, concreto e intencionalmente provocado funcionaría como distractor. Un alivio fugaz, un escape momentáneo. Un modo de autolesión que afecta a jóvenes de entre 14 y 20 años.
Cortes sobre tejidos superficiales de muñecas, brazos, piernas y muslos. Cada vez se producen a edades más tempranas asociados a estados de depresión, ansiedad y trastornos de alimentación. Son acciones autolesivas vinculadas con diferentes cuadros que esconden un desesperado pedido de ayuda, allí donde estaría imposibilitado en poner en palabras las emociones intensas.
Si bien no tienen un fin autolítico (suicida) no deja de ser riesgoso. Observamos que en estos jóvenes hay una alta sensibilidad al enojo, a la tristeza, celos, miedo y pudor. Entonces, faltarían recursos, herramientas para el manejo de estas emociones. Serían un modo de controlar el sufrimiento. Y un modo de dejar marcas y cicatrices. Estos síntomas autolesivos se disiparían poniendo en palabras el dolor.