Pareciera que en estos últimos tiempos se fue perdiendo el juego en los espacios abiertos, a la vez, que se fue abriendo el juego tecnológico en los espacios cerrados. Implicaría que algo del despliegue físico también estaría desapareciendo.
Se hace la hora, tal vez, de rescatar algunas actividades lúdicas que han favorecido tanto el aprendizaje como la relación con el cuerpo. ¿Se acuerdan de los trabalenguas y las adivinanzas? ¿Quién no ha jugado a la mancha?
Es cierto, el juego ha sufrido algunos cambios, pero no se debe sólo a la aparición de las pantallas. Estar en las veredas pateando la pelota o jugando al elástico ya no es muy seguro, entonces los chicos dejaron de salir a la calle.
Pasamos del despliegue en lugares abiertos al entretenimiento tecnológico y atrapante en lugares cerrados. Es importante que no olvidemos que también la competencia reduce la exploración. Al exigirnos ganar dejamos de lado el investigar. Este afán x ganar estaría motivado tanto por el entorno social como por las expectativas de los padres.
La idea es es que al jugar, el chico se descubra a sí mismo, sin la presión de la competencia.