Tanto cuando hablamos de religiones, como sobre política, deportes, o ideologías solemos observar fanatismos. Que siendo cada vez más extremos se transforman en algo peligroso.
Pero... ¿de qué se trata el fanatismo? El fanatismo es un funcionamiento mental que se cocina 'al calor del hogar', es un mecanismo de defensa que pone de manifiesto una inseguridad emocional.
El escritor israelí Amos Oz dice que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar y que muy a menudo todo comienza en la familia. Es habitual escuchar que una persona busque cambiar a un ser querido 'por su bien'.
Como por ejemplo ocurre en las parejas. También observamos en cómo los hijos, en pos de satisfacer a sus padres, renuncian a sus formas de ver y sentirse en el mundo. El fanatismo funciona gracias a un mecanismo que se llama identificación. Es más, detrás de l fanatismo se esconden 'déficits de identidad'.
La identidad debe desarrollarse de manera sólida sobre la personalidad, sino puede verse afectada por las diferentes caras del fanatismo como el autoritarismo, el dogmatismo, la obsesión. La personalidad se construye y se diferencia mediante una serie de identificaciones. En los inicios de la vida humana se denomina identificación primaria.
En esta relación, el bebé se identifica con la madre y con la función que ésta le transmite, la función materna. Si esta función no es satisfactoria, se ve favorecida la puesta en marcha del funcionamiento de los fanatismos. Por ejemplo, los sentimientos de ira o rabia son característicos del fanatismo.
Las proyecciones cargadas de omnipotencia podrían generar que estas primeras identificaciones fuesen arrasadas. Y esto generaría la necesidad de cubrir un gran vacío. Estos funcionamientos mentales relacionados con el fanatismo se transmiten de generación en generación. Pero también pueden ser abordadas en análisis.
Poder hablar, revisar, repensar ciertas creencias y así, intentar construir otros modos de relacionarse.