Tenemos por costumbre preguntar a los pequeñxs de la familia: "¿Te portaste bien hoy, no? "
En vez de decirle "¡Cuánto te extrañé!" o de pedirle que nos cuente a qué jugó. También le preguntamos lo mismo al adulto que lo acompañaba, como ser los maestros o cuidadores, ¿hizo caso hoy?
No hace falta aclarar lo que sentiríamos nosotros mismos, si escuchásemos estos cuestionamientos y esta desconfianza sobre nosotros. Y de qué modo nos afectaría.
Los chicxs son eso mismo, chicxs, y se portan acorde a esa etapa evolutiva, no se portan ni bien ni mal. Si hay algo del comportamiento que nos hace ruido, suele tener diversas causas, y probablemente esté vinculado con algo del orden de lo emocional. Por ende, de ello, es de lo que nos deberíamos ocupar. Lo importante es cómo se sienten más que cómo se portan. Muchos niñxs sufren al respecto, y hasta dicen 'yo no quiero portarme mal' y se preguntan' cómo se hace para portarse bien'. Ellos mismos, ni siquiera saben lo que quiere decir. Pero buscan satisfacer a los mayores.
Por supuesto, que es responsabilidad de los adultos guiarlos en la proceso y desarrollo educativo, pero no es a nosotros a quienes nos deben satisfacer, sino que ellos tienen que poder saber que desean y necesitan. Son ellos los que deben crecer felices.