Desde pequeños los niños ya comienzan a preguntarnos acerca de la muerte. Nos lo preguntan con cierta insistencia que hasta llega a incomodarnos por la propia angustia que nos genera.
Les inquieta preguntar por aquellos que ya no están y los adultos nos empezamos a confundir a la hora de responder. Debemos tener en cuenta que para los niños, la muerte no es el fin de la existencia sino que es 'un otro lugar', por ello, suelen preguntar, a 'dónde se fue tal' o 'dónde está ahora'.
Según las creencias de cada cual, van variando las respuestas, desde el cielo (donde está el alma para los creyentes) hasta el río (donde yacen las cenizas para los ateos). Pero la cuestión importante a resaltar, no es la idea de la muerte en sí, sino que a partir de la pregunta por ella, los chicos, empiezan a registrar que hay algo que se pierde y aparece, así, la idea o sensación de pérdida.
Y cuando hablamos de pérdida, para ellos, no estamos hablando de perder la vida, sino de perdernos a nosotros, los papás. Así comienzan a sentir los miedos, las inseguridades, y la necesidad de ser protegidos y sentirse seguros. Por ello, es imprescindible mostrarles y asegurarles nuestra protección y compañía. Poder transmitirles la idea de que nunca van a estar solos.