Hoy retomando la atención de pacientes, surgió esta pregunta: ¿Por qué a veces somos más complacientes de lo que nos gustaría?
Lo primero que se nos viene a la mente es que somos complacientes, porque buscamos ser aceptados, queridos, por los seres que nos rodean... Es que si hay una pregunta que nos hacemos sin darnos cuenta es: qué o quiénes somos para los otros?
La cuestión es que para complacer a los demás, las personas que son complacientes realizan muchas acciones y esfuerzos físicos, pero más que nada un gran esfuerzo psíquico para poder lograrlo. Y encima, a en alguna ocasiones ni se sienten reconocidas.
Entonces, podemos decir que no tiene nada de malo querer complacer a alguien, pero me gustaría que no pasemos por alto poder pensar qué costo le implica a cada uno ser complaciente. Por ejemplo, observamos que se suele sacrificar el bienestar propio con el objetivo de no correr el riesgo de herir a otro o de hacerlo sufrir.
Para no excedernos en complacer más a otros que a nosotros mismos, podemos empezar por preguntarnos individualmente, singularmente, por qué lo hacemos? y analizar realmente hasta dónde estamos dispuestos a ceder, para qué y para quién!